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La Columna del Director

COVID-19. SIN AGUA NO SE PUEDE VIVIR

6 Min de lectura

Por Haroldo Sánchez

CASA 1. Son las cinco de la mañana. Está lloviendo y hay que aprovechar el agua que cae del cielo. Los esposos Morales, temblando por el frío de la madrugada, acercan el tonel al tubo de la canaleta que recibe el agua que chorrea por las láminas. Ahora deberán esperar que se llene el tonel, para luego empezar con los botes y pequeños recipientes de plástico, y cuantas ollas tengan a su alcance. Adormitados, dan gracias a Dios porque la familia tendrá agua para unos cuantos días.

CASA 2. Estela tiene tres días de no bañarse. En su zona el agua es uno de los bienes más escasos. Descubrió que sus tres hermanos se acostumbraron a no bañarse y que, incluso, ya no les importa tanto. No hay agua potable de manera regular desde hace tantos años, que ya se olvidó cuando se bañaban cada día. En casa son seis personas: sus papás, ella, dos hermanas adolescentes y el pequeño Teo, de 7 años. Han  recurrido a la compra de agua que vende un camión cisterna. Siempre se preguntó de dónde sale esa agua y quién será el dueño de la empresa que la distribuye en la colonia. Aprendieron a cuidar el agua para cocinar, lavar trastos y ropa, y tener un tonel en la ducha para que se bañe la familia, además debe alcanzar para asear el servicio sanitario. Lo hacen sin desperdiciar esa agua que compran.

CASA 3. El río cada vez está más seco. Ahora que llegó el invierno, seguro podrán ir a recoger agua más seguido. Solo hay un problema: el caudal baja con lodo, ramas, hojas, y mucha basura. Así es difícil usar el agua del río. Peor es no tener nada para las necesidades de la familia. Así que, igual se recoge y se deja reposar, a ver si los residuos sólidos se asientan y se podrá hacer uso de ella. El padre tiene un recogedor de lluvia: en el patio de tierra excavó un pequeño agujero y le puso un plástico encima, luego colocó piedras en sus cuatro puntas, y lo hundió para poder recoger el agua que luego servirá para cocinar. 

CASA 4. Los gritos sonaban fuertes, unos cargados de enojo, y otros de burla. Los hermanos Valencia, tienen turno para levantarse de madrugada y recibir el agua potable que cada tres días llega una hora: de 4 a 5. Y los patojos pelean entre ellos porque uno, el pequeño, no acepta que le llegó el turno de madrugar. En la casa hicieron un sorteo, para que no solo la mamá se desvelara en espera del agua. Así que, entre los muchahos y sus padres, idearon un sorteo para que le tocara una vez a cada uno. Los chicos ya están molestos de hacerlo y con gritos culpan a la municipalidad, que es indiferente a que la gente no tenga agua en su casa. La responsabilizan de esas levantadas de madrugada cada cuatro días. Lo peor, que el recibo del agua siempre puntual y cobrando exceso.

CASA 5. El carro luce como nuevo después de la buena lavada que le dieron enfrente de la vivienda. El agua corre hacia el desague de la esquina. Decenas de litros se van al alcantarillado. No importa. Hay agua suficiente para lavar, no solo uno, sino hasta cuatro vehículos. Hay agua suficiente para todo. Bañarse a diario. Regar el jardín. Desperdiciarla mientras se cepillan los dientes. Usar sin problema la lavadora para la ropa de la familia. Jamás se han quedado sin agua en los 8 años que tienen de vivir aquí. 

El agua es un bien preciado, sobre todo en una época como la actual, donde el coronavirus exije medidas bien definidas de higiene. Se pide lavar las manos de manera constante. Lavar la ropa con la que se sale a la calle. Limpiar todas las superficies. ¿Cuántas familias guatemaltecas pueden cumplir con la higiene? De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS),  el agua y el saneamiento de manera integral, son determinantes para la salud.

Donde no hay agua potable, se viola el derecho a la salud de una inmensa mayoría de ciudadanos, sobre todo, en esta crisis que vive la humanidad con un virus mortal que amenaza la estabilidad de la familia y de la sobrevivencia de grandes núcleos de población, no solo en las grandes ciudades, sino del área rural, donde sobreviven los más vulnerables ante el COVID-19.

Cuando se consulta a la OPS sobre el caso del agua en Guatemala, afirma que cuenta con las condiciones naturales favorables que le permiten disponer de abundante agua para las personas, el ambiente y la productividad económica.  Anualmente  se producen 97 mil millones de m3 de agua. Sin embargo, de esto solo se aprovecha un 10% a nivel nacional.

Según la Encuesta nacional de condiciones de vida (ENCOVI)  2011-2012,  el 70% de los hogares guatemaltecos tiene acceso a servicios básicos, es decir, a agua entubada y drenajes a nivel urbano, mientras que en el área rural,  solo el 30%  de los hogares tienen acceso a estos servicios. Para todos los departamentos la cobertura con mejores fuentes de agua es mayor en la zona urbana que en la rural.   

El déficit de la cobertura para los servicios de saneamiento está cerca de 83% en la zona rural, mientras en la zona urbana la cobertura es de 76,7%, que demuestra una situación clara de inequidad.  De 334 municipalidades registradas en la ENCOVI,  sólo un 4% aplican tratamiento a las aguas residuales, mientras que el resto es vertido en los cuerpos de agua,  principalmente ríos.

LA CALIDAD DEL AGUA

            Otro de los grandes problemas que existen es en torno a la calidad del agua que se recibe en las casas. De acuerdo al Plan Nacional de Agua y Saneamiento del ministerio de Salud 2015, para el año 2014 solamente un 40% de las muestras de agua analizadas para determinar cloro residual en el agua cumplían con la normativa nacional; para el año 2013 al menos del 40% del agua de consumo humano recibió desinfección en las áreas urbanas; en muchos casos el agua se capta directamente del río o lago y se distribuye directamente sin realizar tratamiento alguno. 

Destaca la OPS, sobre la calidad del agua que los niveles de bacterias del grupo coliforme y de bacterias patógenas son elevados y son característicos de aguas residuales sin tratamiento, más que de agua de río, lo que pone en riesgo la salud de la población. Las enfermedades diarreicas agudas se encuentran entre las primeras 5 causas de morbilidad y mortalidad en el país; 24% de las muertes,  son debidas a enfermedades diarreicas, principalmente en niños menores de 5 años. 

Los problemas sanitarios se relacionan directamente con la red de distribución de agua y ponen de manifiesto la contaminación del recurso debido a filtraciones que se producen en el alcantarillado. Además de los impactos de la crisis económica, estas condiciones pudieran verse empeoradas por eventos climáticos adversos, siendo Guatemala uno de los 10 países del mundo más afectados por el cambio climático y el cuarto más vulnerable a desastres naturales, según la ONU.

En el caso del agua y la educaciónen Guatemala, la OPS advierte que tiene estrecha relación con los servicios de agua y saneamiento, así las tasas de deserción son más altas en área rural que en el área urbana; existen disparidades y brechas de cobertura para los pobres, niñas y niños, indígenas y los que viven en zonas rurales. El 89% de los establecimientos públicos de preprimaria a diversificado se encuentra en zonas rurales; de estos el 64% cuenta con fuentes mejoradas de agua, cuentan con 70,000 asientos sanitarios y 40,087 letrinas, el 90% de las mismas son pozos ciegos o perforados y casi, el 62% de estos se encuentra en buen estado.

EL AGUA ESCASEA CADA VEZ MAS

La realidad es que en Guatemala el agua potable es uno de los más graves problemas de la sociedad. En la capital hay zonas donde el agua escasea a diario, mientras en otros sectores abunda. No hay una clara distribución de este vital líquido, porque muchas veces se prioriza hacía qué zonas se mantiene el flujo, al parecer, se decide a qué sector se le debe medir el canon de agua, con día y la hora para su distribución.

En plena pandemia de coronavirus, el agua es esencial y no debe faltar en la mayoría de zonas de la capital, tampoco en los departamentos, donde también son muchos los municipios que no cuentan con la regularización del servicio. Las municipalidades son las únicas responsables de si hay o no agua potable en la comunidad. El desvió de ríos es permitido por las autoridades ediles, y  cuando es denunciado por la población, no se atiende en su gravedad.

El agua es un derecho humano y comete delito un funcionario municipal al convertirse en distribuidor privado de este vital líquido y si durante su gestión al frente del gobierno municipal, no actúa para que sus vecinos tengan acceso al agua potable. El agua es un derecho de vida y se debe garantizar que las familias tengan acceso a ella todos los días sin restricciones. Es difícil seguir las normas higiénicas ante la pandemia del coronavirus, cuando no hay agua en las viviendas. Quedarse en casa sin agua, es condenar a las personas y a la diversidad de familias, a una sobrevivencia infrahumana. 

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