Nuestra Madre Tierra es nuestra esperanza

Por Teresa Son

Totonicapán

“Escuchar con nuestros ojos y ver con nuestros oídos nos enseña cómo abrir nuestras orejas y mentes en un nivel más profundo de receptividad y escucha” (Mark Coleman)

Durante estos dos meses de distanciamiento social, en los municipios de Totonicapán se han diversificado los trabajos que cada quien, con su creatividad y posibilidad, ha implementado en su aldea, barrio y cantón con el afán de lograr el mínimo sustento familiar. 

A finales de marzo luego de las primeras lluvias se hizo la siembra de maíz.  A diferencia de otros años, esta vez, se implementaron las medidas sanitarias recomendadas. Para muchas familias este ha sido un tiempo para cuidar con más dedicación el proceso de la siembra. 

Atentos a las noticias y con el necesario cuidado personal y comunitario, al transcurrir los días, la realidad no parece tan consoladora. Es entonces, cuando la mirada se vuelve con más convicción que nunca hacia nuestra raíz y matriz: la Madre Tierra. Casi instintivamente se intensifica el uso de cada pedacito.

Es alentador ir a la siembra y encontrar además de la milpa, hierbas alimenticias como la hierba mora, nabo, haba, miltomate, arveja, güicoy y los ejotes que luego darán frijol. Frutos gratuitos que permiten hacer guisos y sopas para sustentar tiempos de comida con suficientes propiedades alimenticias y así, alivianar este tiempo difícil y superarlo con menos dificultad. 

Haba
Güicoy
Hierba Mora o Macuy

Un elemento importante es la implementación de los huertos caseros, seleccionando las verduras que toman menos espacio y tiempo en producirse, entre ellos el rábano, apio, chile pimiento, cebolla, ajo, cilantro, acelga que se usan para condimentar las comidas y además preparar diversas ensaladas. 

También se reciben de la tierra en esta época frutas como duraznos, manzanas, peras, membrillos. Si bien hay familias que poseen pequeñas tierras para cultivar, existen otras que no tienen esta posibilidad, por tanto, en los mercados cantonales y de casa en casa, se venden manojos (ramitos) de estos productos a precios viables, de Q1.00 a Q3.00, para ayudarse mutuamente, actitud que viene a demostrar que la solidaridad es la que debe primar en momentos como estos. 

En lo que la ciencia analiza una posible cura para esta pandemia, desde nuestras comunidades ancestrales de occidente y específicamente en Totonicapán, se ha incrementado el uso de té natural, el jengibre, limoncillo, menta, gordolobo, tomillo, si bien no hay una afirmación que la infusión de  estas variedades de té, evite o prevenga el contagio del covid-19, es claro que para nuestras comunidades la hoja de naranja, mango, higo, eneldo,  entre otros, son bebidas que han ayudado a conservar la salud y superar varias enfermedades, incluidas las pulmonares.

Gordolobo

Es importante aclarar que esta práctica se ha mantenido durante generaciones, pero ahora es la única forma segura de obtener una comida, ensalada, condimento o bebida. La tierra favorablemente a lo largo de los años y contra todas las dificultades ambientales y actitudes depredadoras nuestras, no ha dejado de proveernos toda clase de alimentos para nuestro sustento. Es con este reencuentro que resuenan las enseñanzas de nuestros abuelos, al insistir que cuidar la tierra es un acto sagrado porque es la que nos salva y nos fortalece para las luchas cotidianas. 

Se ha escuchado las promesas del gobierno central en apoyar en esta crisis. Pero hasta entonces han pasado más de 60 días y, según los protocolos, no han llegado a quienes lo necesitan. En cambio, nuestra Madre Tierra, muy generosamente hace brotar sus frutos para nutrir y seguir forjando vida sin distinción. En ella está nuestra esperanza. 

Edición y corrección de estilo F4gt

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *