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La Mirada

“La pandemia, tiempo para despertar y escuchar el grito de los pobres y de la Madre Tierra”

6 Min de lectura

Víctor M. Ruano P.

Diócesis de Jutiapa

Jutiapa, 03 de septiembre, 2020

Diócesis de Jutiapa se pronuncia sobre la situación del país.

El obispo Antonio Calderón Cruz, el presbiterio y religiosas de la Diócesis de Jutiapa, emiten un Mensaje a las comunidades parroquiales, con el título que lleva el artículo de hoy y, ofrecen una lectura teológica, es decir, desde la fe, de la realidad que vivimos y la epidemia que nos azota como consecuencia del coronavirus. Su perspectiva es ver en ella un “signo de los tiempos”, o sea un lugar, desde donde Dios está hablando hoy a la humanidad. Es un acontecimiento que invita a reflexionar y hacer discernimiento sobre la realidad, leerla a la luz de la lógica de Dios e interpretarla desde su perspectiva salvífica y liberadora que siempre busca la vida digna para los pueblos.

De modo que la pandemia es “un tiempo oportuno”, como un “kairos”*, por eso la definen como “tiempo para despertar” y provocar una fuerte sacudida en la conciencia del ser humano, de quien demanda una actitud de escucha y discernimiento, desde el corazón del verdadero creyente, discípulo de Jesús, capaz de no ser sordo o indiferente al clamor “de los pobres” y al grito de “la Madre Tierra”.

La vida, una barca azotada por el viento. No solo nuestro país, sino el Planeta entero, vive estos días como una barca azotada por vientos huracanados, que ponen en riesgo la vida de nuestros pueblos, especialmente de los más pobres y vulnerables. En ese contexto el Mensaje de la diócesis de Jutiapa, es una alerta profética y una mirada de esperanza, inspirada en la conducta histórica de Jesús, reflejada en el pasaje de la travesía del lago de Galilea, (Mateo 14, 22-28), que las comunidades eclesiales reflexionan en estos tiempos. Dicho Mensaje arranca así: “En lo más recio de la tormenta provocada por el coronavirus quedamos a la deriva, pero nos anima aquella escena del Evangelio cuando Jesús, atravesando el lago de Galilea se dirige ‘a la otra orilla’ y se acerca a la barca sacudida por la tormenta y entre los ‘gritos de miedo’ los discípulos en medio de la noche tiemblan, y él les dice: ‘Animo, soy yo, no tengan miedo’, suscitando en ellos confianza y esperanza”.

En este momento histórico de gran incertidumbre y enorme preocupación, dice el obispo Calderón Cruz: “Queremos poner esta misma página del Evangelio en el corazón de ustedes queridos hermanos y hermanas, que, en comunión con nosotros, obispo, presbiterio y religiosas de esta Diócesis en Jutiapa, vivimos esta tragedia humanitaria, para que juntos afrontemos este tiempo como oportunidad para despertar y escuchar el grito de los más vulnerables y las víctimas de la pandemia, de la injusticia, y de la Madre Tierra tan gravemente enferma”. Inmediatamente manifiestan su firme determinación en seguir adelante con la misión de Jesús, la cual no puede detenerse, ni en tiempos de paz ni en tiempos de turbulencia, por eso afirman: “Emprendemos de nuevo el camino de comunión, solidaridad y fraternidad al servicio de la misión al estilo de Jesús: para llevar esperanza, confianza y fortaleza a quienes lo necesiten, con la certeza de que el Señor no los abandona y está con ellos en su tribulación y en el empeño por un mundo nuevo.”

Aún estamos en peligro. Después de expresar desde donde hacen su análisis y comparten su lectura teológica de la pandemia, reconocen que el país entró en una fase “más peligrosa”. por el incremento de contagios y fallecimientos. La razón de esta preocupación de la diócesis de Jutiapa es ética, evangélica y desde el marco de la opción preferencial por los pobres, que fue clave en la vida y misión de  Jesús, por eso su interés se centra en la situación de los más vulnerables, que son la inmensa mayoría en nuestro país y quienes llevan la peor parte en esta tragedia, donde vamos bajo la misma tormenta pero en barcas diferentes, de allí la fuerza de su denuncia al afirmar que los más pobres están quedando “sin protección eficiente y adecuada de parte del Estado”.

Esta denuncia queda demostrada en los siguientes hechos: la dotación de insumos necesarios en los hospitales sigue siendo precaria, aún el personal de salud no cuenta con la adecuada protección, no se ha ampliado el personal médico y de enfermería, el número de camas y equipo médico disponibles sigue siendo insuficiente. Estos hechos hacen que la ciudadanía perciba que las autoridades solo se mueven con “el afán de responder a las exigencias de los sectores económicos más poderosos, que la obligación de atender a la salud del pueblo”.

Ante esta situación de vulnerabilidad que afronta la población, se visualiza, según la diócesis de Jutiapa, un horizonte muy incierto y preocupante, sobre todo al haber abierto el país cuando la curva de contagios aún no descendía. Incluso hoy, cuando nos vamos aproximando a los 6 meses desde que se generó esta crisis, los datos de hoy no dan confianza.

Población cansada y poco informada. El Mensaje de la diócesis de Jutiapa reconoce, con toda razón, que la población ya está cansada y desesperada; en algunos se “percibe poca conciencia del enorme peligro que enfrentamos”, sobre todo, de aquellos sectores que presionan por la apertura de la actividad económica. Esta situación se agrava porque la información, de parte de las autoridades, “no ha sido clara ni contundente”, lo cual ha generado “confusión y desconfianza”. Para sustentar tal afirmación, ofrece algunos ejemplos: “la población no sabe cuántos enfermos activos, recuperados y fallecidos hay en su municipio”; consecuencia de ello, es que no existe “un plan para atender la emergencia y la capacidad para ejecutar el presupuesto asignado”; además, las autoridades tomaron la temeraria decisión de pasar a una nueva fase, cuando “las pruebas no son suficientes y los resultados siguen sin llegar con la prontitud que se necesita”.

Templos aún cerrados. Por eso, tomando en cuenta esa dura realidad, y sobre todo, “desde la fe que profesamos en el Dios de la vida, consideramos”, dice la diócesis de Jutiapa, “que es irresponsable e inconveniente en este momento, abrir los templos para las celebraciones litúrgicas”. La razón para tomar tan sufrida decisión, porque no estamos contentos con tener los templos cerrados, es “la preocupación pastoral al estilo de Jesús que, movido por la compasión, cuida de la vida y la salud de la gente curando a todos” (Cf. Mateo 14, 14). El interés que mueve a la Iglesia es “la vida digna de la persona y una economía al servicio de las necesidades vitales de la comunidad y no el lucro”. Además, juzga necesario preparar a las comunidades, para construir juntos “la mejor normalidad”.

Reconocen que este tiempo está exigiendo a la Iglesia y sus pastores “imaginación y creatividad, para salir del cómodo criterio ‘del siempre se ha hecho así’”. En las actuales circunstancias es imperativo recuperar el estilo de Jesús, según lo presentan los evangelios, metidos entre la gente, sintonizando con sus “gozos y esperanzas, tristezas y angustias”, para contribuir a la edificación de una Iglesia en salida samaritana que “cura las heridas de todos los que encuentra golpeados en las orillas de los caminos” (Cf. Lucas 10, 25-30).

Estamos llamados, quienes nos identificamos como seguidores de Jesús de Nazaret, a ser transmisores de una fe adulta, entendida como confianza en Dios; animadores de una esperanza activa en medio del dolor y la tragedia; y testigos de un amor solidario capaz de superar las barreras de la indiferencia y la discriminación. Ha llegado la hora de fortalecer la experiencia eclesial desde la familia y la pequeña comunidad que es “célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización”. Desde esta opción pastoral impulsarán el proceso de desescalada, no solo hacia una “nueva normalidad” sino a una “normalidad diferente” en lo social y eclesial, para descubrir y potenciar nuevos liderazgos para los nuevos tiempos.

Invitan a los feligreses a estar pendientes del curso de la pandemia y piden asumir con responsabilidad este momento difícil y de alto riesgo. Lanza sus primeras iniciativas pastorales: La Familia y la Pequeña Comunidad como eje central del acompañamiento pastoral a los pueblos; la Eucaristía del Domingo por radio, TV y medios digitales; ofrecerán subsidios pastorales para mantener vivo el ardor misionero y el servicio a la sociedad. Citando al Papa Francisco reconocen que: “El peligro de contagio de un virus debe enseñarnos otro tipo de ‘contagio’, el del amor, que se transmite de corazón a corazón”. Concluyen agradeciendo “por los muchos signos de disponibilidad a la ayuda espontánea y de compromiso heroico del personal de salud, de los médicos y de los sacerdotes. En estas semanas hemos sentido la fuerza que provenía de la fe».

Conclusión. En lo más recio de la tormenta quedamos a la deriva, porque el gobierno central soltó su responsabilidad, aunque hoy el presidente lo niegue. Sin embargo, esto impulsa a las comunidades a emprender el camino de la unidad y solidaridad entre el pueblo, de la conversión y comunión eclesial y de la misión evangelizadora al estilo de Jesús, para llevar actitud de lucha, esperanza y fortaleza a todos, con la certeza que Dios no abandona a nadie en la tribulación y en el empeño por una sociedad guatemalteca diferente.

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