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La Columna del Director

Latinoamérica al borde del abismo

3 Min de lectura

A los gobiernos de Latinoamérica, la pandemia los obliga a hacerle frente a una de sus peores pesadillas: no estar a la altura de las circunstancias para combatir la mortal enfermedad que asola un continente, donde priva el atraso y la desigualdad.

El golpe será mucho más fuerte al sufrido por Europa y Asia. Por ello, los presidentes deben saber que se espera lo peor entre sus poblaciones. Sea México, Argentina, Brasil, Panamá o Guatemala. Si en un principio algunos de los líderes políticos de la región vieron la enfermedad como algo lejano, y no le dieron importancia, hoy están asustados como el resto de su gente.

La nuestra es una región con demasiadas carencias, donde prevalece una pobreza entrelazada con la miseria, que hará que el COVID-19, arrase comunidades enteras. En muchos países el Estado es prácticamente inexistente. Hay comunidades donde los funcionarios públicos jamás ponen un pié y si lo hacen es tan solo en campañas electorales.

Hablamos de más de 600 millones de habitantes que conviven entre la opulencia y la escasez. Es una región que durante décadas permitió que los servicios de salud fueran quedando obsoletos y sin recursos. Ello permitió que en estos países crecieran los hospitales o centros de salud privados, mientras la salud pública se debilitaba hasta extremos escandalosos.

Hablamos de más de 600 millones de habitantes que conviven entre la opulencia y la escasez. Es una región que durante décadas permitió que los servicios de salud fueran quedando obsoletos y sin recursos…

Ante esa dura realidad, las medidas que tomen los países latinoamericanos no dejaran de ser más que “simbólicas”. Si en España e Italia, se vieron desbordados los servicios de salud, que son del primer mundo, ¿qué ocurrirá en países como Guatemala, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, e incluso México?


Cada presidente está tomando las medidas que considera necesarias para salvaguardar a los habitantes de sus países. En los últimos días, en Centroamérica, el presidente de El Salvador,  Nayib Bukele, se convirtió en un verdadero defensor de los salvadoreños al tomar medidas económicas que favorecen a sus gobernados. Bukele declaró una moratoria en el pago de servicios como telefonía de casa y celular, agua, electricidad, internet, así como créditos comerciales y bancarios en tarjetas de crédito, hipotecas, y suspendió el pago de alquileres, todo esto por tres meses.

Otros presidentes han logrado acuerdos con el sector privado, para no castigar la vida de los trabajadores, y tratar de que la economía informal que es muy grande en Latinoamérica no se vea doblemente afectada. 

En estos días, es importante que se formen equipos de expertos en salud, alrededor de cada gobernante, para apoyarlos en estos críticos momentos. Solos, por más liderazgo que tengan, en algunos casos no podrán cambiar la mentalidad de la gente, sobre todo, a quienes se han visto marginados de las políticas públicas. A los que, por años, han sido engañados por los políticos de turno.

Está pandemia no debe dividir más a las sociedades de América Latina. No debería convertirse en una lucha entre quienes tienen y los que nada poseen. Hay que insistir: este virus ataca a cualquiera sin importar rango social, ni político, ni económico, ni religioso.

No hay que olvidar que en el caso de Guatemala, el Estado abandonó regiones muy amplias, dejando al narcotráfico campear a sus anchas. Con dinero del narco se construyeron escuelas, viviendas, gimnasios, centros de salud, carreteras y se abrieron caminos vecinales, y el dinero fluyó como nunca en sus áreas de control. Así que es importante no ignorarlo para que la pandemia no haga mucho más estragos.

En esas regiones la voz del gobierno apenas llega y cuando lo hace, nadie le cree porque nunca los apoyaron ni fueron atendidas sus más urgentes necesidades. Esto, por supuesto, no solo ocurre en nuestro país, también en Colombia, Perú, Brasil y México. 

En estos momentos las lecturas políticas, sociales y económicas son otras. El virus solo vino a decirnos que se perdió mucho el tiempo y que se dejó que la pobreza, la desigualdad, así como el crimen organizado, ocuparan su espacio.

Los gobiernos de América Latina pagarán un alto costo por su marcado desinterés por solucionar los graves problemas de sus habitantes. Hoy se habla de la salud, no se debe olvidar los déficit en educación, vivienda, agua potable, desempleo, alimentación. 

A lo mejor, el coronavirus podría permitir un nuevo enfoque regional y global. La distribución de la riqueza debe de cambiar para mejorar los niveles de vida de todos y no de unos pocos. Quienes sobrevivan a esta pandemia, deberán realizar cambios profundos en la generación de políticas públicas y privadas.

Porque si no se aprenden las lecciones que deje este mortal virus, entonces la humanidad no habrá aprendido nada y merecerá su aniquilación por dejadez y mal manejo de la gestión gubernamental y privada.

El presente ya es imposible cambiarlo. Se cometieron muchísimos errores. El futuro le pertenecerá a quien logre sobrevivir y decidir cambiar el destino de la humanidad.

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