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COVID-19: …Y LOS GUATEMALTECOS EN CAOS

2 Min de lectura

En la mayoría de barrios capitalinos y de los municipios, el escenario de este viernes por la mañana, era de completo caos. La gente se tomó las calles y salió en tropel en búsqueda de una tienda, de la abarrotería, la panadería y de la tortillería. En pocos minutos, el frenesí por comprar alimentos saturó las calles de gente desesperada para abastecerse. Fue como si esa fuera la primera urgencia al nomás amanecer.

Empujones, improperios, carreras, prisas y nerviosismo hacia aquellos lugares donde iban a comprar. Eran guatemaltecos desbordados por conseguir alimentos para sus hogares. Algunos policías municipales ayudaban a organizar el caos. 

Los encargados de las tiendas y abarroterías, tuvieron que tomar la decisión de vender de manera ordenada y que una sola persona no acaparara los productos, para que todos los vecinos tuvieran la oportunidad de llevar algo a su casa. 

El anuncio presidencial de anoche, tomó a todo mundo por sorpresa, en el momento en donde llegamos a la primera quincena de mayo, donde a la mayoría no les habían pagado -a quienes tienen trabajo-, y el resto no contaba con dinero en efectivo. La realidad es que las personas no estaban preparadas para vivir en un país paralizado.  

Aquí hay muchísimas personas que viven al día, que van a la tienda o al mercado cantonal para abastecerse de alimentos en el día y no tienen en reserva, para pasar encerrados ni siquiera dos días.

 Hay miles de personas que en sus casas no tienen refrigerador (algunos no cuentan con electricidad) y las compras son para el consumo diario. Para alguna gente “esto es el fin del mundo”, y por eso salieron desesperadas a las calles antes de que dieran las once de la mañana.  Ante esto, recordemos que la labor social de La Olla Solidaria, por medio de Rayuela se ha visto truncada al no poder entregar el día de hoy, fuera del horario establecido, cientos de raciones de comida a personas que llegan en búsqueda de ese alimento. Hoy se quedaron sin comer. 

Los barrios marginales de la capital hoy fueron escenarios de la desesperación de sus vecinos que en algunos casos casi vaciaron los estantes de las pequeñas tiendas. Lo primero que se acabó fue el pan y luego los huevos, los enlatados desaparecieron después. 

La decisión presidencial de cerrar el país, prohibir la locomoción, y que la población se quede en casa busca frenar los contagios de coronavirus, agarró a muchísimas familias con recursos o sin recursos, por sorpresa. 

Cuando se ven esas escenas de gente aglomerada para comprar, haciendo cola sin el respectivo distanciamiento social, surge la pregunta de si vendrán más casos de contagios en los próximos días, y que la medicina no resulte peor que la enfermedad.

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