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Nuestra GuatemalaReportaje

Eta e Iota desnudan la desigualdad social en Izabal y Alta Verapaz.

13 Min de lectura

Por Andina Ayala

Fotografias Rony Morales/Andina Ayala

 Edición y Diagramación: Factor 4


¿Qué se hace después de haberlo perdido todo? ¿Qué tipo de asistencia brinda el gobierno? ¿Cómo se imaginan el futuro las comunidades más afectadas por las tormentas tropicales Eta e Iota?

El paso de fenómenos naturales, en este caso las tormentas tropicales, hacen visible la desigualdad social en la que está sumergida Guatemala. A pesar de ser uno de los países más diversos en flora, fauna y recursos naturales de la región, es uno de los más desiguales del planeta. De acuerdo con el informe de Oxfam “Entre el Suelo y el Cielo: Radiografía multidimensional de la desigualdad en Guatemala”, los índices del años 2019,de esas brechas en el país, son los siguientes:

Datos tomados del informe 2019 de Oxfam: “Entre el Suelo y el Cielo: Radiografía multidimensional de la desigualdad en Guatemala

La desigualdad social siempre ha estado presente, y fenómenos naturales como las tormentas tropicales Eta e Iota, visibilizan y desnudan una realidad que el Estado obvia año con año.  La corrupción a nivel estatal y municipal no permite que se cuente con un fondo de prevención para este tipo de eventos naturales, que ante la desigualdad económica y social, imperante en estas áreas, se convierten en desastres.

Si bien el gobierno implementó programas sociales de emergencia ante la crisis provocada por la Covid-19, entre ellos el Bono Familia, este no fue recibido en comunidades de Alta Verapaz. Al ser su idioma materno el q´eqchi o poqomchi´, la mayoría indicó que no recibió el bono, Carlos Batz líder comunitario de Chimoté señaló que otro obstáculo fue el analfabetismo y en otros casos, que no contaban con contador de luz  para ser elegibles para recibir el código.

La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), dio a conocer el balance actualizado al 5 de diciembre del 2020 por el paso de las tormentas tropicales Eta e Iota, el cual asciende a 2.4 millones de personas afectadas en Guatemala.

Durante cinco días recorrimos los departamentos de Izabal y Alta Verapaz, para conocer las condiciones en que subsisten las comunidades que lo perdieron todo. Entre las personas y su entorno, encontramos las respuestas.

*Este Reportaje se divide en 2 partes distribuidas en 2 pestañas : 1.Tres Visiones 2. Desigualdad Social

Tres visiones de una misma tragedia

El 4 de noviembre ingresó a Guatemala la tormenta tropical Eta, afectando fuertemente a varios departamentos, especialmente a  Izabal y Alta Verapaz. La lluvia fue tan devastadora que no puede compararse con el Huracán Mitch en 1998, o la tormenta Agatha en 2010. El 16 del mismo mes, azotó la tormenta tropical Iota, golpeando sin tregua a cientos de comunidades. Desde hace años la deforestación de los suelos, el uso extensivo para monocultivos y la desviación de ríos en favor de proyectos hidroeléctricos,  vulnera los territorios y se suma a las carencias vividas por la COVID-19.

Las familias de las aldeas Saquixim y Quejá, se albergan en el caserío Santa Elena, de San Cristóbal Verapaz, en una escuela rural de cinco aulas, de piso de cemento y paredes de block, utilizado por 60 familias para dormir. Las condiciones de la escuela y de la iglesia están por debajo de la expectativa de lo que podría llamarse refugio.

Sobre el piso lodoso, colocan un pedazo de plástico o de cartón para descansar. El espacio se reduce por los escritorios apilados. Los servicios sanitarios suman desesperanza a este paisaje de hacinamiento porque en la aldea hay escasez de agua. La cocina colectiva, es de leña y no es suficiente para la cantidad de personas. La lluvia mojó la madera y los alimentos que llegaron de donaciones se van agotando con los días.

Cocina de Albergue en Caserío Santa Elena, San Cristobal Verapaz

Underrumbe de más de 80 metros de ancho, hizo que el mundo volteara a ver una aldea remota en Alta Verapaz: Quejá. Fue la más perjudicada en pérdidas humanas y materiales. Cinco días después del alud, el 10 de noviembre, la comunidad fue declarada cementerio y se suspendió definitivamente la búsqueda de personas. Karla Lem, una joven residente de Quejá, relata que la primera noche fue la más dura porque a nadie le dio tiempo de sacar ni una prenda de vestir:  

Fue el 5 de noviembre como a las 10:45 de la mañana. La gente de verdad nunca pensó que pasaría esa cosa. Cuando nos encontramos en el campo vimos que algunos no pudieron salir. Nadie pensó que íbamos a salir de allá, nos quedamos así… (guarda silencio), no sabemos si era trauma o miedo. A las tres de la tarde comenzaron a decir que no encontraban a familiares, después nos dimos cuenta que estaba peor la cosa. Estamos divididos porque algunos fueron a Chixoy, otros a Chicuz, y otros se vinieron aquí (Santa Elena). En mi caso somos seis, que estamos en un lugar, y nos dormimos una noche debajo de un nylon (plástico)”.

Según datos oficiales el derrumbe de la Aldea Quejá, Alta Verapaz , dejó ocho fallecidos y 88 desaparecidos

A más de un mes de haberse producido los derrumbes, hombres y mujeres, así como decenas de niñas, niños y ancianos aún duermen en albergues. Es evidente que estas personas necesitan reubicarse de manera urgente. La pregunta es: ¿a dónde? Los líderes comunitarios señalan que han sido advertidos verbalmente por CONRED y por el alcalde municipal de que el lugar es de alto riesgo.

Vivienda reducida a escombros después de derrumbe en Quejá, Alta Verapaz

Erwin Lem, de 30 años, es el secretario del COCODE de la aldea vecina Saquixim, que también sufrió un derrumbe.  Recuerda con tristeza que su casa, que iba a estrenar en diciembre, quedó bajo los escombros. Él se alberga en la escuela oficial rural de Santa Elena. En nuestra conversación enfatiza:

Lo que solicitamos es el estudio geológico. Giammattei en su visita, (el 8 de noviembre de 2020), dijo que “sí, se hizo el estudio”. A veces uno piensa que quizás va a llevar mucho tiempo para hacer el estudio ¡pero no! Solo pasó una vez el helicóptero a tomar supuestamente muestras del derrumbe. Fueron más de 30 metros de ancho y 380 metros de largo. No sé cómo enfocaron el estudio geológico, pero determinaron que es zona de alto riesgo. Supuestamente hay una plaqueta que gira a la misma dirección. Ese es el estudio pero no hay un dictamen donde se notifica a toda la población. No hay ninguna información verídica, solo que la municipalidad sugirió que la comunidad está en alto riesgo y que sugiere evacuar”.

Ni información veraz ni ayuda constante por parte del Gobierno, así se puede describir  la situación en estas y otras comunidades del departamento de Alta Verapaz. Cuando preguntamos a los residentes de Quejá y de Saquixim sobre el apoyo del gobierno, expresaron que sólo llegó una vez, lo demás “es del corazón de las personas y de otras comunidades.

Aldea Chimoté, San Pedro Carchá anegada, los habitantes deben pasar en lancha a ver el estado de sus casas.

En otro punto de Alta Verapaz, en la aldea Chimoté del municipio de San Pedro Carchá, los vecinos esperan poder regresar a sus hogares, hoy sumergidos hasta el techo por las inundaciones que provocó Eta y agudizó la tormenta Iota. El 2 de diciembre, la CONRED compartió el consolidado de incidentes. En todo el departamento hay 39,715 viviendas con daños; 17,959 personas albergadas; 9 personas fallecidas y 88 desaparecidas. Específicamente para Carchá, asegura CONRED,  que se registraron 51 incidentes, de los cuales el más representativo ha sido el de la aldea Campur, no obstante al otro lado, se encuentran 52 familias olvidadas por el gobierno: la aldea Chimoté. Poco mencionada en medios de comunicación.

A los habitantes de Quejá, Alta Verapaz, el derrumbe los tomó por sorpresa, sin tiempo para salvaguardar sus vidas.

La vida hoy en Chimoté. 40 familias tuvieron que auto albergarse en una finca, otras 12 se repartieron con vecinos o en la escuela de la comunidad. Doña Elvira Choc, nos explicó su caso: “Son cuatro casas y la mía, yo vivía solo con mi hijito el más chiquito”. Ella tiene 52 años y su esposo falleció hace tres, es originaria de otra aldea en Cobán, pero ha vivido en Chimoté por 35 años. “Fue en cuestión de minutos que se llenó la casa, ya no podíamos ayudarnos (como familia) porque a todos se nos fue la casa”, comenta mientras señala dónde está sumergida lo que fue su vivienda.

Elvira Choc señala el lugar donde se encontraba su casa en Chimoté, Cobán.

En Alta Verapaz organizaciones internacionales, como OXFAM, con amplia experiencia en atención de emergencias, brindan asistencia humanitaria,  trabajando  de la mano con organizaciones locales como la Asociación para la Educación y el Desarrollo (ASEDE). Factor 4, acompañó a personal de Oxfam y de ASEDE , en una de las continuas visitas que realizan en las zonas afectadas.

En este acompañamiento, se nos explicó que se denomina “auto albergadas” a las familias que se refugian en casas de familiares o vecinos, debido a que  tienen menos posibilidades de acceder a ayudas humanitarias, las cuales generalmente llegan a los acopios oficiales en los cascos urbanos. Tal es el caso de Elvira Choc:

“Una vecina me dijo que me pasara para la casa de su hijo, que estaba vacía. Ahí estamos solo para descansar, no tenemos donde cocinar. Me pusieron una mi “llamita”, pero leña no tengo para cocinar. Yo ahorita solo con mis vecinos pido favor, para hacer un poco de comida. Estamos sufriendo demasiado. Ya nos cansamos. Que se vaya el agua, eso estamos esperando”.

El 6 de diciembre, el vocero de CONRED, David de León, explicó a Factor 4 que de acuerdo con otros procesos que se han hecho, “son al menos 8 meses a un año, para ubicar el terreno y coordinar con el Fondo Para la Vivienda (FOPAVI), el tema de las viviendas”. El problema en el gobierno, es encontrar el terreno que tenga las condiciones adecuadas. Hablamos únicamente de las comunidades afectadas por los derrumbes, “de las inundaciones también se analizan algunas comunidades de Carchá”, indicó De León.

Los impactos de Eta e Iota son de tal magnitud, que no solo afectaron a las comunidades. Incluso el comercial Plaza Magdalena, en el casco urbano de Cobán, sufrió daños a su estructura. Observamos que el lugar estaba cerrado, aunque el agua bajó su nivel. “Solo han llegado los empleados bancarios con secadoras de cabello a intentar salvar los billetes que se mojaron”, comentaron residentes. En zona 8 de Cobán aún hay 19 familias que esperaban regresar a sus casas sumergidas.

Después de las tormentas tropicales Eta e Iota, en Chimoté y zona 8 de Cobán, vecinos tuvieron que auto albergarse. En una declaración pública, el 4 de diciembre de 2020, el presidente Alejandro Giammattei aseguró que el vicepresidente Willy Castillo, tendría la dirección de una nueva comisión encargada de la reconstrucción de los daños causados por las tormentas tropicales, semanas después se supo que sería el Ministerio de Comunicaciones el responsables de la reconstrucción. Al día de hoy solamente el Ejercito se ha acercado a verificar daños.

El drama en pleno centro de la ciudad más importante de la región norte del país,  puede sentirse en los rostros tristes y miradas perdidas de los vecinos. Cada vez que recuerdan que no tienen a dónde ir y que el gobierno ni el alcalde han hablado con ellos, la preocupación llega y les corta la voz. Sumado a la COVID-19, temen que otras enfermedades les perjudiquen por el estancamiento del agua.   

La emergencia pluvial adquirió sus propios matices, según la zona geográfica afectada. En el departamento de Izabal, Eta e Iota provocaron el desbordamiento del río Motagua. Quedaron destrozados puentes, viviendas y arruinadas pertenencias materiales. Las personas más alejadas del caudal lograron rescatar más pertenencias, en Morales, algunas familias afectadas ya estaban regresando a limpiar sus hogares.

En Cayuga, Izabal, la escuela Oficial Rural Mixta, hasta hace una semana albergaba a 270 vecinos.

En el albergue de la aldea Cayuga, conocimos a Nancy Hernández, quien relató que huyeron “debajo de la lluvia, de noche, y con el río tirándose desde abajo. Fue feo ver todo eso sin poder sacar casi nada, todo se perdió. El agua en mi casa tapó hasta la ventana. Aunque queremos irnos a nuestras casas no hemos podido porque todavía hay lodo y si entramos nos llega hasta la rodilla”.

Don Francisco nos permitió la entrada a su casa, en Cayuga, Morales Izabal. El agua llegó arriba del marco de la puerta, las perdidas materiales fueron cuantiosas.

Desde el 4 de noviembre, 270 vecinos utilizan como albergue la Escuela Oficial Rural Mixta de la aldea Cayuga. Al 25 de noviembre, observamos que muchos otros estaban reestableciéndose. En esta área Oxfam, entregó kits de alimentos, kits de higiene y kits de remoción de escombros que incluyen: una pala, un azadón, una piocha y una carretilla. Las personas reportaron que las labores les provocan infecciones en la piel por el contacto prolongado con el lodo, y como si todo esto no fuera suficientemente doloroso, algunos fueron víctimas de robos. En Morales, Izabal la cobertura de seguridad pública es inaúdita, hay 20 agentes por cada 104 mil habitantes[1].

Antes del desbordamiento, recuerda Nancy:

Era bien bonito y tranquilo. Iba a comprar, hacía el oficio en mi casa. Ahora es muy incómodo porque en las noches hay mucha bulla, uno quiere dormir y dan las once, once y media, mucha bulla. Mientras uno en su casa a la hora que uno quisiera podía dormir, irse a la hamaca, dormir a los bebés ya a las ocho de la noche estaba tranquila en la casa. Uno en su casa es feliz. Es tan lindo estar en su casa”.

Nancy tiene 31 años y dos hijos, la mayor de 4 años y el pequeño un año y 7 meses. En toda la conversación se mostró preocupada por los otros bebés del albergue. En el aula duermen ella, sus padres y hermana, tienen consigo una refrigeradora pequeña y una estufa de mesa, la cual prestan a otras mujeres para poder cocinar. Este albergue y toda la aldea Cayuga, permanecen sin agua, ya que la fuerza de la lluvia e inundación destrozaron la tubería. Deben esperar un mes para que sea reconectada por el Comité de Vecinos, el agua es auto gestionada por la comunidad.

En los albergues visitados, observamos condiciones de hacinamiento, escasez de colchonetas, no hay agua, no hay dónde cocinar y los alimentos escasean o no son entregados de manera equitativa.

Hacinados, sin agua, y sin disciplina en el uso adecuado de mascarilla, de todos los albergues visitados en dos departamentos, solo en este hubo presencia de “rastreadores de COVID-19”. Tres jóvenes que se encargan de tomar la temperatura por la mañana y están instruidos para reportar un posible caso, solo si alguien presentara fiebre. Laboran como avisadores para que después el personal del área de salud realice el hisopado. A la fecha no habían reportado ninguno, comentó Ever López, parte del equipo rastreador de COVID.

*Parte 2: Desigualdad social y un gobierno incapaz, arriba.


[1] Así lo consignó el Plan de Desarrollo Municipal 2010-2025 del municipio de Morales, Izabal.

Desigualdad social y un Gobierno incapaz

La situación económico social del municipio de San Pedro Carchá, reflejada en el Plan de Desarrollo Municipal 2010-2025, indica que otro factor de riesgo para las y los pobladores previo a la pandemia y las tormentas tropicales, ha sido la falta de disponibilidad y consumo de alimentos que contribuyan a una verdadera nutrición. El 88% de habitantes de este municipio, ocupa la categoría de pobreza general y el 42.8% la de pobreza extrema, lo que significa que  una persona debe sobrevivir con menos de Q.266.00 al mes. Dentro de la línea de pobreza general, una persona que tiene ingresos de Q.547.00 al mes, no satisface otras necesidades básicas como vestido o calzado.[1] 

Algo similar sucede en San Cristóbal Verapaz, que está conformado por una población indígena, mayoritariamente femenina joven, poqomchi’ y q’eqchi’, cuya tasa de alfabetismo es del 62.93%, con pocas posibilidades de recibir servicios de salud y educación. Así lo indica su Plan de Desarrollo Municipal (PDM). Un problema transversal para entender la desigualdad en Alta Verapaz, es la certeza jurídica de la tierra, “la carencia de asistencia técnica, acceso a créditos para desarrollar una mayor producción y comercialización agrícola”.[2]

Desde el año 2010, el PDM de San Cristóbal Verapaz reconoce que el cerro “Los Chorros”, causa desastres de manera recurrente en las comunidades, lo cual afecta directamente a Quejá y Saquixim. Un desastre en esta área provoca daños colaterales a comerciantes del departamento de Quiché. Un día sin vender puede significar un día sin comer.

En los territorios afectados por las inundaciones, se estima que el desfogue tomará entre uno y tres meses. Los vecinos mantienen la esperanza de volver a sus hogares, no obstante los expertos afirman que las casas construidas de madera se pudrirán y que debe hacerse una evaluación minuciosa de las viviendas de concreto. Los hogares que queden en pie, carecerán de instalaciones eléctricas.

En este lugar solía estar el puente Bobos, en Morales Izabal, vecinos cruzan al otro lado encima de troncos, sosteniéndose de lazos.

Las autoridades competentes, no aclaran a los damnificados si apoyarán con los gastos de reparación. En Chimoté algunos habitantes carecían del servicio eléctrico, con las inundaciones este alcance será regresivo, especialmente porque no esperan que el gobierno les dé una solución.

Estas calamidades no son novedosas, como tampoco la ineficiente respuesta del Gobierno. Constatamos que la respuesta de organizaciones nacionales e internacionales, así como la Cruz Roja y el Cuerpo de Bomberos, fue más rápida y efectiva que las instituciones del Ejecutivo.

Luego de una visita que realizó CONRED, el 8 de noviembre, ninguno de los testimonios refiere que el Gobierno haya dado seguimiento a su situación.

El abandono del Estado sigue propiciando  que la brecha de  desigualdad social y económica en Morales, Izabal, se refleje  en  47 comunidades del departamento, las cuales están en código rojo, o riesgo muy alto de inseguridad alimentaria, y 53 en código naranja, riesgo alto de desnutrición. Un claro ejemplo es Cayuga, una aldea rural de Morales Izabal, que al igual que muchas otras comunidades del departamento ha perdido  sus cultivos.

El municipio de Morales, está constituido mayoritariamente por mestizos o ladinos, gente que ha dejado su fuerza vital en los monocultivos, los cuales han sido en muchos casos, su única fuente de ingreso. Plantaciones de plátano, banano, palma africana, grandes extensiones de siembra de productos que no se quedan en Guatemala, son la fuente de trabajo a la que por generaciones han accedido. Una vecina damnificada nos dice: “Aquí es muy raro el que tiene un trabajo de oficina”. La mayoría accede a trabajos estacionarios en fincas, las cabezas del hogar, en su mayoría hombres (aunque también hay mujeres), migran por episodios a otras fincas en el resto del país, para buscar el dinero que les permita la subsistencia.

Las amenazas por el aumento de los caudales  o sequías, son una constante en el municipio y el departamento. Con la tormenta Agatha en el año 2010, los daños fueron cuantiosos y los pocos avances ganados en mejoras sociales, retrocedieron. Cada vez que el río Motagua se vuelve el protagonista de pérdidas materiales, se recuerda que el Estado y la gobernanza de turno, no se han ocupado de brindar atención preventiva e integral. Los daños son materiales, psicosociales y emocionales, puesto que los habitantes rememoran el miedo y son conscientes de que regresar sus casas, es un riesgo.

Pese a la tragedia la población de alta Verapaz e Izabal tiene una fortaleza indescriptible, siendo las mujeres, en su mayoría, el motor para empezar de nuevo. Saben por experiencia que deben actuar en colectivo para superar las adversidades. A pesar de la tragedia y su pobreza contínua, aún tienen el potencial de sonreír ante un arcoíris, de hacer una broma o de pensar en el futuro, “cuando regrese” dicen, proyectando nuevamente un horizonte frente a sus ojos.

Cuatro Rostros, cuatro historias: en Quejá y Saquixim , Alta Verapaz.

[1] Plan de Desarrollo Municipal 2010-2025 del municipio de San Pedro Carchá, Alta Verapaz.

[2] Plan de Desarrollo Municipal 2010-2025 del municipio de San Cristóbal Verapaz, Alta Verapaz.

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