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La Mirada

Un pueblo solidario, con un Estado inútil y un gobierno corrupto.

7 Min de lectura

Víctor M. Ruano P.

Diócesis de Jutiapa

F4gt.com

Jutiapa, 19 de noviembre, 2020

Introducción. Desde muchos sectores de la sociedad guatemalteca se han lanzado apremiantes llamados a la solidaridad. Factor 4 lo ha hecho desde la columna del director con una nota que no solo nos pone en contexto, sino que describe y analiza a fondo lo que nos está pasando, titulada “Un huracán vuelve a desnudar el país”. La solidaridad del pueblo se ha manifestado en todo su esplendor, mientras que una vez más, se ha mostrado la realidad de un Estado incapaz y un gobierno corrupto.

La extrema pobreza en que viven los guatemaltecos. Una vez más ha quedado delante de nuestros ojos la extrema pobreza en la que viven la mayoría de los guatemaltecos a causa de un Estado inútil, corrupto y discriminador, y ahora capturado por organizaciones criminales integradas por políticos, magistrados, jueces, abogados, narcotraficantes y miembros del sector económico más poderoso.

Y no es porque pretendamos que el Estado nos resuelva los problemas coyunturales y estructurales que padecemos, ni mucho menos el gobierno de turno, pero sí le corresponde, por mandato constitucional, liderar con transparencia y eficiencia la construcción del bien común, llevando a la nación entera hacia un desarrollo digno de todos los ciudadanos.

En las circunstancias tan difíciles de hoy, lamentablemente la ayuda del Estado no ha llegado con la prontitud y eficiencia que se esperaba, pero sí la solidaridad efectiva del pueblo, de los ciudadanos de todo el país. El obispo de Izabal, Domingo Buezo, decía en días pasados :

“la tragedia ha sido grande, el sufrimiento es indescriptible, pero la gente no ha perdido su sonrisa, signo de la fe que los anima y la esperanza que les sostiene”.

Fortalecer la unidad y la organización ciudadana. Esta dura realidad nos demuestra que, ante la ineficacia del Estado, ante los millones de quetzales que se pierden en la corrupción, ante una burocracia ineficiente donde se ocupan puestos solo por intereses politiqueros, pero no por capacidad, el pueblo jamás debe ser tolerante ni vivir de rodillas o en una complacencia ingenua ante quienes ejercen la autoridad legal pero que no han logrado legitimar con hechos creíbles.

Ante ese vacío no se puede ser indiferente. Es necesario y urgente que el pueblo se organice democráticamente, que mantenga una sólida unidad que no anule la diversidad cultural, y desde sus bases populares (no populistas), vayan buscando la solución de sus problemas coyunturales y estructurales, porque del Estado tal como está configurado y de las autoridades tal como accedieron al poder, es muy poco lo que podemos esperar, aunque la propaganda oficial asegure lo contrario.  

Hace 22 años el huracán Mitch nos dejó heridos, otras tormentas tropicales también como Ágata, Stan, y las estrategias de prevención y apoyo a las comunidades no se han dado, ni siquiera la mínima inversión para impulsar el desarrollo.

Esto es una prueba más de la necesidad que tenemos de transformar el Estado. Dicho cambio llegará cuando los ciudadanos tomemos conciencia y seamos protagonistas en la construcción de una “mejor política” que es aquella “que se pone al servicio del verdadero bien común”, como lo dice el Papa Francisco en el V Capítulo de la Encíclica Social Fratelli Tutti, (FT). El quehacer de la política y de quienes llegan a gobernar cada 4 años, no va en esa dirección, porque la mayoría de ellos se dedican al saqueo, al robo, al despilfarro; hacen de los recursos del Estado un botín que lo reparten entre todos, bajo aquella consigna que en la sabiduría popular se expresa así: “Aprovéchate gaviota, que de esta no hay otra”.

Y lo hacen con tal descaro, porque saben que no les pasa nada, dada la imperante impunidad, pues algunos magistrados de las Salas de Apelaciones y algunos jueces los protegen; conocen muy bien lo inútil e ineficiente que es la Contraloría General de Cuentas como su mejor aliada en una complicidad perversa, a la que se suma  y favorece un ministerio Publico que ante estos hechos se queda mirando o alzando la vista en otra dirección, haciéndose “el papo”, como dicen los campesinos.

La mala política en nuestro país, como dice el Papa Francisco, “con frecuencia asume formas que son un obstáculo en el camino hacia un mundo distinto” (FT 154). En nada favorece la construcción de esa Guatemala distinta, aunque lo digan en sus campañas, como el gobierno actual que decía “vamos por una Guatemala diferente”, pero no la vemos por ningún lado, aun en medio de estas emergencias. Lo que vemos, es más de lo mismo, y ahora con creces, porque ya no está la Cicig, a la que acordaron expulsar para mantener el régimen de impunidad y seguir robando a manos llenas.

Reinventar la política: más allá de “formas populistas y liberales”. Es necesario reinventar la política y apostarle a “La mejor política”, aquella que es capaz de realizar en el mundo “la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social” (FT 154), esa amistad social que se está viendo entre los pueblos de Guatemala hacia las comunidades más afectadas tendiendo la mano desde su pobreza.

Estamos mal porque quienes gobiernan lo hacen velando por sus negocios y por los negocios de aquellos que les financiaron la campaña, por eso es evidente “el desprecio de los débiles”. Ese desprecio se esconde “en formas populistas”, de ciertas izquierdas radicales propias de aquellos políticos que utilizan a los pobres, aprovechándose de sus necesidades y “los utilizan demagógicamente para sus fines”, que nada tienen que ver con la dura realidad en que vive la mayoría en nuestro país. (FT 155)

Ese “desprecio de los débiles” también se esconde “en formas liberales”, que son aquellas acciones de cierta derecha neoliberal mercantilista en alianza con las elites que utilizan  a los pobres “al servicio de los intereses económicos de los poderosos”, como lo vemos en el gobierno actual más preocupado por las enormes pérdidas del Cacif, de empresarios de la palma africana, del sector cañero y de las industrias extractivas de metales y descuida al amplio sector campesino e indígena carente de “tierra, techo y trabajo”, y de  estrategias eficientes para un desarrollo sostenible e integral.

En ambos casos, tanto “populistas” como “liberales”, se muestra la enorme “dificultad de pensar un mundo abierto con lugar para todos, que incorpore a los más débiles y respete las diferentes culturas” (FT 155).

Aprendizaje permanente. Estas tragedias humanitarias deben ser fuente de aprendizaje para todos, las lecciones deberían ir en la perspectiva de estar vigilantes, pero sin miedo; en un ejercicio permanente de ciudadanía, pero sin dejarse manipular; intentando ser realistas y objetivos, pero sin perder la esperanza; proactivos buscando siempre lo mejor, pero sin egoísmos alienantes.

Esto requiere, según mi opinión, la firme convicción de que Dios está de nuestro lado, como lo afirma el salmo 145, cuando dice: “El Señor siempre es fiel a su palabra”, porque “es quien hace justicia al oprimido”, es el que “proporciona pan a los hambrientos” y es elque “libera al cautivo” de cualquier forma de explotación y opresión.

El autor del mismo salmo afirma que Dios “abre los ojos” para que nadie nos siga engañando, “alivia al agobiado” y lo fortalece por tanta injusticia y desprecio hacia los más débiles, “ama al hombre justo” que es la persona de bien y “cuida del migrante”.

En esa misma línea del salmo 145 va el mensaje del Papa Francisco para la IV Jornada Mundial de los Pobres celebrada el domingo 15 de noviembre del presente año con el mensaje titulado: “Tiende tu mano al pobre”, pues son ellos los que “necesitan la caricia de Dios, para sentirse dignos y amados”.

Poner en juego “los talentos”. Los talentos” que se dan a cada persona “según sus capacidades”, como lo dice una parábola contada por Jesús (Mateo 25, 14-30), es para invertirlos con creatividad extendiendo la mano a los pobres, sobre todo en países tan empobrecidos y desiguales como Guatemala, no para favorecer la dependencia o promover el asistencialismo, ni mucho menos el conformismo entre los pobres, sino para impulsar el desarrollo humano y social.

“Los talentos” nunca se dieron para la acumulación de riqueza de unos pocos privilegiados en una dinámica egoísta. Las tragedias humanitarias que hoy nos azotan, como la pandemia de la Covid-19 y las consecuencias de las tormentas Eta e Iota, no son expresión de la ira de un Dios despiadado y cruel al estilo de los dioses paganos.

Al dolor de la pandemia, “se une este nuevo padecimiento” provocado por las tormentas; pero esto, dijeron los obispos guatemaltecos, “en ningún momento” está revelando “el rostro de Dios, del cual sólo proviene la vida y no la muerte”. Hoy tenemos más bien la ocasión para mostrar como hijos e hijas de Dios “el rostro de la misericordia” y para ello son “los talentos” que como pueblo y como personas hemos recibido.

“Los talentos” son para construir solidaridad y cercanía con las víctimas de estas tragedias y otras más como la injusticia, la corrupción, la impunidad y la desigualdad que también dejan millones de víctimas. Son para invertirlos y multiplicarlos intentando ser y hacer como el Buen Samaritano: “Lo vio, se conmovió y vendó sus heridas”, (cf. Lc 10,25-37); para nosotros significa hacer lo mismo con las víctimas del sistema económico y político actual en Guatemala y en el mundo entero. Los pueblos y los ciudadanos deben ser capaces de cargar con el padecimiento del hermano, sin esperar reconocimientos ni gratitudes.

Conclusión. En circunstancias como las que hoy vivimos, hacen emerger los valores del pueblo y de una ciudadanía activa. Esa reserva ética es la que nos sostiene ante la realidad por muy dura y difíciles que sea, poniendo en juego “los talentos” recibidos. Solo así la sociedad logrará romper sus estructuras injustas, transformar sus instituciones corruptas, cambiar su democracia cooptada por fuerzas criminales, y desechar aquellas leyes sin ética que favorecen una Guatemala desigual.

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