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La Mirada

Cerrando un año muy difícil y desafiante.

6 Min de lectura

Víctor M. Ruano P.

Diócesis de Jutiapa

F4gt.com

Jutiapa, 10 de diciembre, 2020

Introducción. Estamos llegando al final de un año muy difícil, a pesar de todo los que nos ha pasado, despertó la conciencia ciudadana llenado nuevamente las plazas. Un año que se hizo más crítico a partir de la visión de desarrollo que maneja el gobierno y pretendió imponer desde el fallido presupuesto 2021.

Al mismo tiempo, se plantea la urgencia de contar con una mejor clase política capaz de impulsar cambios radicales, para generar entre todos, una cultura de la solidaridad con los más vulnerables.  Ha sido un año difícil pero desafiante, para hacer del ciudadano y la ciudadanía guatemaltecos, protagonista de los cambios que el país requiere.

Despertar ciudadano. Nos acercamos al final del 2020, “un año fuertemente marcado por las sombras de tantas formas de sufrimiento y confusión”. (CEG, 27 Nov. 2020). Sin embargo, vale la pena seguir luchando impulsados por una esperanza activa, dinámica, muy necesaria en estos tiempos de crisis por el covid-19, por las tormentas tropicales y por gobiernos corruptos e incapaces, a quienes numerosos ciudadanos rechazan y exigen su renuncia, como lo hemos visto en las manifestaciones pacíficas en diversos puntos del país, especialmente en la ciudad capital donde, llegaron algunos infiltrados para deslegitimarlas.

Aún estamos esperando el informe de la jefa del Ministerio Público, Consuelo Porras. Quizá está muy ocupada en la persecución penal del fiscal Juan Francisco Sandoval, titular de la FECI. Si no lo hace o resulta un informe inocuo, concluiremos que está protegiendo al gobierno actual y se ha puesto una vez más al servicio del pacto de corruptos que tanto daño le hizo al país.

El origen de las manifestaciones pacíficas no solo fue el rechazo a un presupuesto anual totalmente alejado de la realidad y destinado a fortalecer la dinámica de la corrupción existente, es también el rechazo al sistema político económico vigente que reproduce enormes desigualdades sociales y tremendas injusticias.

Diversas organizaciones sociales han dicho claramente que “El problema no era solo el presupuesto, es el sistema”. Por eso están exigiendo “seguir presionando a los corruptos, pedir cambios estructurales y sus renuncias”. Con ese propósito seguirán manifestándose pacíficamente en las plazas de todo el país.

Visión de desarrollo que promueve la corrupción. Este gobierno maneja un concepto de desarrollo que se vuelve nido de ratas moviéndose en la asquerosa realidad de la corrupción, pues pone el acento en la “obra gris” o en construcciones de todo tipo, que son como una arca abierta para que roben el dinero del pueblo, desde los alcaldes hasta el gobierno central, pasando por gobernadores, diputados, sin que existan mecanismos eficientes de fiscalización, pues es mediocre el proceder de la Contraloría General de Cuentas, tibio el actuar de la SAT y torpemente pasivo el MP.  

Así, los corruptos que andan al acecho, aprovechan las emergencias y los estados de calamidad para llenarse los bolsillos. Abusan del poder que el pueblo les ha confiado y de los cargos públicos que ocupan. Son unos vándalos, que depredan el erario público; unos incapaces para responder con prontitud ante las emergencias; e inútiles para gobernar en función del pueblo. Por eso, nuestro país no avanza hacia un desarrollo integral y sostenible para todos.

Esa es la causa para que aumente el número de personas empobrecidas, de niños desnutridos, que según la ONU se detectan 80 casos cada día. Mientras los diputados y en Casa Presidencial, derrochan miles de quetzales en comida, que no pagan de su bolsa sino del dinero de los guatemaltecos.

Son numerosas las personas en las aldeas y pueblos que carecen de servicios públicos dignos como techo adecuado, agua potable, energía eléctrica de calidad, caminos para transportar sus productos o para trasladar a sus enfermos. Son miles los que viven en el umbral de la hambruna. Esto es un panorama a todas luces injusto, mientras la clase política se harta en lo superfluo y la vanidad al estilo de “rico epulón”.

Urge una mejor clase política y un nuevo Estado. Urge una mejor clase política y un nuevo Estado capaz de invertir en el desarrollo humano y social de sus pueblos, comprometidos en la lucha contra el empobrecimiento de campesinos e indígenas y la depredación del medio ambiente.

Que sea capaz también de impulsar la alimentación saludable para la población, generador de trabajo digno y estable en todos los sectores, particularmente en el área rural. Capaz de implantar una dinámica de tolerancia cero hacia la corrupción, de modo que los corruptos sean destituidos y sometidos a juicio, mediante una acción eficiente y pronta del MP.

Cambios radicales. Desde mi visión de creyente considero que los cambios en la sociedad se dan porque Dios, esa presencia amorosa actuando con benevolencia en el mundo, los inspira en el corazón de las personas; también porque surgen líderes auténticos que despiertan las conciencias y hacen ver la realidad con sus luces y sombras; además, por la determinación que tienen los ciudadanos y su firme convicción para lograr las transformaciones sociales.

Los cambios sociales requieren de ciudadanos que actúan con determinación y firmeza, con una convicción que nace de los valores que los inspiran, de las metas que tienen por delante y del esfuerzo por caminar juntos en la misma dirección, sin anular la diversidad cultural.

De todos lados se lanzan voces que exigen una Guatemala distinta, gritos que se escuchan desde las plazas cada vez con más fuerza, porque el sistema político y económico que nos rige ya no sirve, se corrompió.

Ojalá que lo que estamos viviendo estos días sea el despertar de un fuerte movimiento social que provoque ese cambio radical, esa transformación desde la raíz; ojalá se logre articular un proyecto político de nación con nuevos liderazgos locales y nacionales desde todos los sectores, capaces de canalizar las legítimas demandas que se están planteando y podamos tener pronto una Justicia sólida e independiente, una democracia participativa e incluyente y una lucha tenaz contra la corrupción y la impunidad.

Necesitamos unirnos desde la diversidad cultural que caracteriza a nuestra nación para desarticular el pacto de corruptos que ha ido consolidando a la clase política, incrustada en el Congreso, en el Ejecutivo y en el Sistema Judicial; es una alianza criminal que tiene  el apoyo de muchos empresarios que siguen considerando este país como su finca, militares que tuvieron un rol determinante en el conflicto armado interno y se resisten a someterse a la justicia, movimientos religiosos fundamentalistas de ultraderecha que arropan a gobiernos corruptos, medios de comunicación social que manipulan sin escrúpulos a la población o muestran un silencio cómplice ante los corruptos, “netcenteros” pagados jugosamente para difundir noticias falsas en las redes sociales y una burocracia corrupta  e ineficiente.

Solidarios ante el sufrimiento humano. Ante la realidad de un año muy difícil y de enormes desafíos se impone la necesidad de afrontarlos juntos desde una dinámica de efectiva solidaridad ante el sufrimiento humano. El dolor de tantos hermanos es indescriptible. No podemos ser indiferentes, tenemos que reconocer dijeron los obispos guatemaltecos “sus sufrimientos y penas, sus sueños hechos pedazos por la Pandemia, los desastres naturales y la pobreza creciente, el constante drama migratorio de la región”.

Junto a estos males de este año, nos sigue golpeando “la lamentable y persistente corrupción administrativa, la creciente falta de confianza en las instituciones y sus funcionarios, el mal ejemplo de desinterés real por el bien de nuestras naciones”, dijeron los purpurados guatemaltecos.

«Todo esto, suscita incertidumbre y desánimo al pensar en la dureza del futuro que espera a la mayoría de los jóvenes y los niños que habitan esta Patria Grande centroamericana”, añadieron.

Sin embargo, no todo es negativo y mala noticia, pues en este tiempo se ha “contemplado también el testimonio de generosidad, de solidaridad y caridad cristiana de tantos hacia las muchas víctimas de las tormentas tropicales Eta y Iota y de la aún vigente emergencia sanitaria de la Pandemia”.

En medio de esta situación que viven nuestros pueblos, reafirman sus “opciones pastorales para vivir su compromiso de profecía y servicio con un profundo espíritu de esperanza y solidaridad”.

Conclusión. No obstante, ha sido un año terrible, mantenemos viva la esperanza luchando día a día, fortaleciendo nuestra capacidad resiliente mientras crece nuestra conciencia ciudadana para ser protagonistas de los cambios radicales que requiere el país, teniendo la capacidad de ir más allá de gobiernos cortoplacistas, corruptos y sin la estatura ética de los verdaderos estadistas que el pueblo guatemalteco merece.

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