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Ciencia, Educación y TecnologíaDiversas

Miriam, la maestra que se reinventa

5 Min de lectura

Por Teresa Son. Totonicapán

Corrección de estilo, Factor 4.

Entrando por la altura del kilómetro 186 de la ruta Interamericana, en el lugar conocido como La Morería, tras una caminata de 30 minutos se llega a la casa de la maestra Miriam Tzul, mujer maya K’iche’ quien durante 16 años ha enseñado con pasión a la niñez del área rural y un año en el área urbana en Totonicapán.

Durante la pandemia fue trasladada a su comunidad como maestra de la Escuela Oficial Urbana Mixta, Barrio la Independencia, San Cristóbal Totonicapán. Tiene a su cargo los grados de segundo y tercero primaria.

Miriam Tzul, maestra maya K’iche’. Fotografia: Teresa Son

Con la pandemia “me he reinventado” asegura. Martes y miércoles da clases personalizadas al grado de tercero primaria; jueves y viernes lo hace con segundo primaria. Atiende entre cuatro a ocho estudiantes por día.

Sentada en una mesa, con las fotos de sus padres de fondo, emocionada cuenta su labor educativa.  “El día que recibí mi nombramiento fui la mujer más feliz del mundo” expresa al detallar los inicios de su profesión durante los primeros años de su juventud.

Al principio de su carrera magisterial, fue enviada como maestra en la aldea Chuicacá, Santa María Chiquimula Totonicapán. La comunidad dista a una hora en carro desde la cabecera departamental: “En ese entonces yo vivía en la cabecera  y viajaba del centro de Totonicapán hacia la comunidad. Yo no conocía a dónde me enviaron. Una tarde tuve para averiguar dónde queda la escuela”.

En esta etapa de pandemia, para ella reinventarse ha sido un reto que la motiva, debido a que no podía dar clases presenciales, tampoco visitar a los alumnos, ni emplear los materiales tradicionales que de modo presencial se usaban para enseñar, cambió la estrategia preparando las guías de estudio de manera creativa y  acompañando a sus alumnas y alumnos en la elaboración de las tareas a distancia, algunas veces por llamada telefónica, otras por WhatsApp. “Es un reto porque si los padres trabajan, no se les puede llamar durante el día sino en la noche, cuando los niños están cansados. Si tienen celular a veces no tienen señal; al llamarles se pierde la señal, hay que esperar que vuelva para continuar. Algunos sí tienen señal pero no siempre tienen internet”.

Mi día como maestra comienza el día anterior, según el grado que me corresponde, así me dedico a preparar.  Tomo en cuenta qué temas voy a impartir, con quiénes voy a trabajar y preparo los temas de manera dinámica” Continúa con entusiasmo: “me esfuerzo en utilizar motivaciones diversas que emocionen a los alumnos, depende del tema así es mi ambientación y actividades de motivación” “porque depende de la motivación del maestro, así aprenden los niños”.

Los desafíos que ha encontrado a lo largo de su ejercicio profesional los ha resuelto con destreza. Durante los tres años que trabajó en la aldea Chuicacá, viajó en pick up, el único carro que entraba a la aldea y que era de un compañero maestro. Cuando no iba el compañero, lo hacía tomando un carro que le acercara un poco a la aldea y luego caminaba durante 40 minutos a la escuela.

Un día se presentó la necesidad de trasladarse de vivienda de la cabecera departamental al municipio de San Cristóbal y solicitó traslado de escuela. La enviaron a la aldea Chuiabaj del municipio de Momostenango, en la escuela Oficial Rural Mixta Chuiabaj Xeabaj donde ejerció durante tres años. Mientras trabajaba en esta escuela, surgió convocatoria para aplicar a contrato 011. Envió solicitud debido a que ella laboraba con contrato 021. Fue nombrada como docente en la escuela de la aldea Xecaxjoj Momostenango Totonicapán que quedaba sobre la ruta hacia Huehuetenango. Ahí trabajó durante nueve años.

Desafiando a la enseñanza

En las diferentes escuelas de áreas rurales, la niñez solo habla el idioma materno, k’iche’. Dependiendo del grado que les correspondía impartir, así era el nivel de esfuerzo empleado para entenderles y enseñarles en su idioma. Como maestra, su grado potencial era primero primaria. Los compañeros maestros al darse cuenta le encomendaban ese grado. Apoyándose de los programas impulsados por PRODESSA con kemon Cha’ab’al y el libro Jardín de letras. proyectos de lectoescritura en español y k’iche’, las  niñas y los niños aprendía los dos idiomas, cumpliendo así con el objetivo de dicho programa.

A través de este ejercicio de los idiomas, vivían un proceso de transformación tanto la docente como las y los alumnos. Porque ella como maestra aprendió a leer en k’iche’ pero los niños no; “yo les leía en k’iche’ y al escuchar, ellos sí entendían, Yo no sabía pronunciar bien algunas palabras pero ellos sí lo sabían y así poco a poco ellos terminaban aprendiendo a leer y escribir en los dos idiomas. Yo fui aprendiendo bien el idioma”, recuerda con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro.

Con libertad y alegría continua: “al inicio cometí el error de enseñar como aprendí, como me enseñaron. Me fui dando cuenta que no funcionaba. Me propuse aprender, me autoformé, participé en capacitaciones. Yo misma fui buscando la manera de aprender más, la manera de entender a los niños y de aplicar nuevas metodologías para que los niños aprendieran”.

Entre las diversas etapas de traslado de escuelas y de cambio de compañeros pese a las dificultades que se presentan, siempre se ganó la confianza de sus compañeros, de los padres de familia y el cariño de las y los estudiantes. El alumnado se negaba regresar a casa… les encantaba aprender con ella. Expresa que durante sus años como maestra ha tenido respuesta positiva de parte de las madres, padres de familia y de los alumnos.

Pese a las diversas dificultades que ha traído la pandemia, Miriam no ha detenido el proceso educativo de la niñez a quien enseña con dedicación. “Las áreas que doy énfasis es lenguaje y matemática, no descuido las otras, pero éstas son las bases que a los niños les van a servir. Promuevo la lectura, aunque sea poco pero que lean y entiendan es lo importante”.

Sus sueños

Sueño que los niños tengan lo necesario, un centro educativo con todas sus áreas de recreación, con área de talleres, con centro de computo y todo lo justo para educar ampliamente”. “Es un sueño necesario y urgente para Guatemala. Pero sobre todo, sueño que existan niños críticos y analíticos porque así, el país cambia. Quisiera cambiar de niños pasivos a niños activos”.

La niñez a cargo de la maestra ha tenido un aprendizaje diferente durante la pandemia pero no han cortado el proceso pese a las diversa dificultades. No ha abandonado la enseñanza sino que se ha reinventado para poder continuar el acompañamiento educativo de las y los estudiantes.

Al preguntarle cuál es el sentimiento que le surge ante la breve descripción de su labor, responde: ‘Satisfacción‘, “me siento satisfecha porque el ser maestra es una profesión completa que implica ver el proceso evolutivo de la niñez, porque una forma personas y convive con ellas”.

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