La Columna del Director

Un Ministerio como pago político

4 Min de lectura

Por Haroldo Sánchez

¿Cuál es el problema que haya hundimientos en casi todas las carreteras del país? Unos más grandes que otros (como el de Villa Nueva), pero miles más que muestran el total deterioro en que se encuentra la red vial.

Hacia donde se quiera viajar, hay tramos realmente terribles, que dificultan no sólo el tránsito, sino que dañan los vehículos. Eso sí, el ministerio de Comunicaciones es uno de los grandes destinos de los millones de quetzales que, desde el presupuesto hasta las ampliaciones aprobadas por los diputados, engordan este elefante blanco, inoperante, corrupto.

Cuando se ve el deterioro de la mayoría de carreteras, se entiende el por qué es uno de los principales problemas de los guatemaltecos: en el ministerio de Comunicaciones se coloca en cada gobierno como responsables a personas no capacitadas y más bien, ese puesto es más un pago político que otra cosa. Y es fácil darse cuenta de ello con el actual ministro, Javier Maldonado Quiñónez.

Al indagar sobre su trayectoria, se presenta como empresario, no obstante, en el portal de Guatecompras no existe ninguna empresa a su nombre. Tampoco aparece como colegiado activo del Colegio de Ingenieros de Guatemala, ni es asociado a la Cámara de la Construcción de Guatemala. En ambos portales, no hay datos que confirmen su adhesión a ninguno de estos dos órganos.

Maldonado inició su andadura en el sector público en 2016, durante la administración de Jimmy Morales, siendo entonces Aldo García el ministro de Comunicaciones, y fue designado como jefe de la Unidad de Construcción de Edificios del Estado (UCEE). Trabajó bajo la dirección del viceministro financiero administrativo, José Luis Benito Ruiz, quien luego pasó a ser el ministro.

En octubre de 2020, fue nombrado por el ministro de Comunicaciones, José Edmundo Lemus, para asumir el cargo de Viceministro de Edificios Estatales y Obra Pública del CIV (Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda), su nombramiento fue oficializado por la secretaria general de la Presidencia, en ese entonce, Leyla Lemus. En ese cargo se mantuvo por 9 meses.

En julio del 2021, fue nombrado como Ministro de Comunicaciones, pese al carecer de un diploma académico como ingeniero. Tal y como se puede verificar en la página del CIV: http://www.civ.gob.gt/web/guest/institucional/nuestras-autoridades, a diferencia de otros portales de instituciones de gobierno, no aparece ninguna semblanza que respalde los grados académicos del ministro, ni su experiencia en el campo de la infraestructura.

¿Por qué fue nombrado ministro Maldonado? Por pagos políticos. Siempre fue un recomendado del ex presidente Jimmy Morales, y estuvo cerca de Benito durante su gestión. No está en esa cartera por su capacidad, sus conocimientos y el resultado es que tenemos unas de las peores redes viales de la región centroamericana, que está causando severos daños a la economía de los guatemaltecos.

Cuando se designa como ministros a personas sin ninguna capacidad, lo que dejará en su paso por el ministerio siempre será deficiente, mediocre y sin resultados positivos. Por más que se le otorguen miles de millones de quetzales a ese ministerio, nada cambiará porque esa persona ni siquiera tiene conocimientos para enfrentar el gran reto que significa estar al frente de una de las carteras más importantes del país.

Por eso no debe extrañar que cada año se destinan millones de millones de quetzales a la cartera de Comunicaciones y nada cambia, al contrario, los funcionarios allí llegan, como el caso de Maldonado, solo les permite enriquecerse y la mayoría de altos cargos, llegan como pago de compromisos adquiridos durante las campañas. Esto ocurre no de ahora, sino desde hace ya muchos años. Comunicaciones se ha convertido en la caja chica de los gobiernos, desde donde emanan millonarios fondos para campañas electorales y otros millones más para los bolsillos de sus principales funcionarios.

Cada vez que llega el invierno, en esa cartera se frotan las manos de la destrucción que se avecina. Carreteras y puentes se caen a pedazos. Claro, si han sido hechos precisamente para que no duren ni un año. Se ejecutan con malos materiales, se inflan los presupuestos, y se pagan a precio de oro cuando en realidad se usan materiales de baja calidad y nadie supervisa.

Lo que estamos viendo alcanza incluso a muchos alcaldes que en sus comunidades tampoco les importa la suerte que corren los vecinos con cada invierno. Se visita pueblos que deberían ser un orgullo para los vecinos y se encuentra con la destrucción de sus calles, donde el empedrado dejó de servir hace ya muchos años. 

La realidad es que cuando se tienen gobiernos que solo están para violar los derechos humanos, perseguir líderes comunitarios, a defensores y defensoras de la naturaleza, del territorio, del agua, de ríos, bosques, lagos y mares, entonces todo a su alrededor se desmorona. Malos gobiernos. Funcionarios corruptos, ambiciosos, ladrones. Nada cambia para el ciudadano, pero sí para ellos.

Este tipo de gobiernos que sobrevive porque reparte dinero sin importar a quién, porque no es de ellos, son nefastos para las sociedades actuales, que ven como se reducen sus espacios de diálogo, de participación, de injerencia. El país se está cayendo a pedazos y la gente solo puede ser un observador pasivo, no puede participar y tampoco protesta. El poder ha corrompido a la mayoría de servidores públicos quienes “disfrutan” su paso por el Estado.

Siempre he pensado que un país donde se tienen cubiertas las necesidades más básicas de la población, puede aspirar a tener un mejor destino. Pero cuando lo que se hace es robar, cuando se tiene cooptada la aplicación de la justicia, crece el irrespeto a los derechos humanos, se persigue a hombres y mujeres por defender su entorno, aumenta la pobreza, crece el desempleo, entonces solo nos queda ver la destrucción física y moral de la sociedad.

Que siga lloviendo, piden los corruptos. Que las tormentas tropicales lleguen pronto, le piden al señor en sus oraciones. Que los diputados aprueben estados de calamidad y se receten otros miles de millones es lo único que desean. Ya rellenarán los hoyos con lodoconcreto, que al final aquí todo se vale cuando se está en manos de políticos corruptos.

Seguir poniendo ministros como pago de favores políticos, no solucionará nada y, al contrario, producirá más destrucción y perjudicará la economía ya de por sí maltrecha de los guatemaltecos, donde se incluye a los ciudadanos que usan las carreteras, hasta pequeños y grandes empresarios que se ven afectados en sus negocios por la destrucción de la red vial del país.

Haroldo Sánchez. Director Factor 4
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