Por Daniela Sánchez Lemus
Una comunicadora comunitaria en Alta Verapaz es fotografiada sin permiso mientras cubre una protesta. Un periodista en Huehuetenango recibe una llamada anónima: “Deje de publicar o va a tener problemas”. Un reportero en el oriente del país encuentra su casa vigilada después de denunciar corrupción local.
Historias como estas se repiten cada semana en Guatemala. Pero ahora, por primera vez, hay una herramienta pensada para que no queden en el silencio: SIRAT, el Sistema de Alerta Temprana y Registro de Casos de la Red Rompe el Miedo Guatemala (RRMG), una plataforma digital que documenta, analiza y activa mecanismos de protección cuando periodistas, comunicadoras y comunicadores son atacados.
Detrás de esa herramienta, que suena a tecnología, pero nace del corazón del oficio, hay años de trabajo colectivo, de organización y de resistencia.
La Red Rompe el Miedo Guatemala nació en 2020, en pleno auge de la violencia contra la prensa. Fue la respuesta de un grupo de periodistas, comunicadoras y comunicadores comunitarios y organizaciones de derechos humanos que decidieron cuidarse entre sí.
No esperaron a que el Estado hiciera algo.
“La idea era simple”, cuentan desde la Red: “Si nos están atacando por informar, tenemos que organizarnos para protegernos y registrar lo que está pasando. Nadie más lo va a hacer por nosotras y nosotros”.
Así, cinco organizaciones, Article 19, Asociación Centro Civitas, Federación Guatemalteca de Escuelas Radiofónicas (FGER), Asociación Sobrevivencia Cultural y el medio digital Factor 4, unieron esfuerzos para construir una red de confianza. Una red que hoy conecta a más de 60 nodos en todo el país.
Del papel a la plataforma: el salto tecnológico
En sus primeros años, la Red registraba casos de agresión de manera artesanal: hojas de cálculo, mensajes encriptados, llamadas telefónicas. Pero el volumen de ataques creció, y con él la urgencia de tener una herramienta más robusta.
Fue así como, con el apoyo de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) y el PNUD, la RRMG desarrolló su Sistema de Alerta Temprana (SAT), el cual ahora ha sido rediseñado a una plataforma digital que permite documentar agresiones, verificar información y emitir alertas en tiempo real.
El sistema se diseñó con enfoque de género, pertinencia cultural y estándares internacionales de derechos humanos. No solo recopila datos, sino también detecta patrones de riesgo y permite generar informes que ayudan a prevenir ataques antes de que ocurran.
“Es una herramienta viva”, dice una integrante del equipo técnico. “La información que entra no se queda guardada: se analiza, se comparte con redes aliadas y, cuando hace falta, se lanza una alerta pública que puede salvar vidas.”

Cómo funciona: del clic a la acción
Cuando una persona que ejerce el periodismo sufre una agresión, una amenaza, una campaña de difamación, un bloqueo a su trabajo, puede ingresar el caso a través de la app o la web.
El sistema pide información básica: quién fue atacada/o, dónde, cómo, qué personas podrían estar involucradas. Luego, el equipo de la Red hace una verificación directa: habla con la persona, recopila pruebas, contrasta versiones.
A partir de ahí, el caso se clasifica como incidente o amenaza, se registra y, si el riesgo es alto, se activa una alerta temprana.
Esta alerta llega a medios, organizaciones aliadas y, cuando es necesario, a organismos internacionales.
Pero la historia no termina ahí.
A pesar de que la Red no cuenta en la actualidad con los recursos suficientes para brindar un acompañamiento integral, realiza alianzas con otras organizaciones de derechos humanos que ofrecen, entre otros, defensa técnica, albergue o salida temporal del país. Permitiendo así un acompañamiento legal, psicológico o incluso físico, según lo que necesite cada persona. En los casos más graves, se gestiona refugio temporal o contacto con redes internacionales de protección.
Para la Red, romper el miedo no es solo denunciar, es intentar cuidar a quienes se atreven a contar lo que otras personas quieren esconder.
Un registro con rostro humano
El sistema también tiene algo que muchos observatorios oficiales olvidan: empatía.
En cada registro hay una historia, una persona que decide no callar.
Por eso, la metodología no se limita a llenar formularios. Se construyó con entrevistas, talleres y validaciones con periodistas, comunicadoras comunitarias, personas expertas en derechos humanos y especialistas en seguridad digital.
Incluso se consultó a observatorios de prensa en América Latina, como Reporteros Sin Fronteras, IPYS Venezuela y Fundamedios, para recoger aprendizajes y adaptar las mejores prácticas al contexto guatemalteco.
“Queríamos que el sistema fuera útil, pero sobre todo, nuestro”, explicó una persona del núcleo gestor. “Que reflejara las realidades de un país donde ser periodista en una comunidad indígena no es lo mismo que serlo en la capital. Donde las amenazas llegan en diferentes idiomas, pero con el mismo propósito: callarte.”

La información como defensa
El nuevo sistema no solo documenta agresiones, sino que también genera informes y mapas de riesgo que permiten identificar dónde y cómo se ejerce mayor presión contra la prensa. La idea es contundente: sin datos no hay política pública posible, y sin registro no hay memoria.
El proyecto surge para llenar el vacío dejado por la ausencia de estadísticas confiables del Estado sobre agresiones a periodistas. Ante ello, la Red Rompe el Miedo Guatemala (RRMG) asumió la tarea de construir un registro independiente, ciudadano y de código abierto, que cumple con los estándares internacionales en materia de documentación de violaciones a derechos humanos.
La plataforma incorpora un enfoque interseccional y de género, que permite identificar agravantes específicos, por motivos de género, origen étnico, racismo, orientación o identidad sexual, edad o discapacidad, y realizar análisis diferenciados sobre las agresiones que enfrentan quienes hacen comunicación y periodismo en el país.
Liberada bajo licencia GPLv3, la herramienta puede ser utilizada, mejorada o adaptada por cualquier organización interesada.

Es, además de un acto de transparencia, una declaración política: la información para proteger la información.
Romper el miedo también es un acto de esperanza
En un país donde informar sigue siendo una actividad de riesgo, la Red Rompe el Miedo propone otra manera de resistir: organizarse, registrar, acompañar y alertar.
Su nueva plataforma no es solo una base de datos. Es un mapa de coraje colectivo.
Cada caso documentado es una prueba de que la censura no ha ganado del todo. Cada alerta es un recordatorio de que el periodismo sigue vivo, incluso cuando lo quieren enterrar. Romper el miedo es el primer paso para recuperar la voz. Y en Guatemala, donde tantas voces han sido silenciadas, eso es, sin duda, una forma de libertad.
