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COVID-19

Desde Barcelona

5 Min de lectura

CONVIVIENDO CON EL CORONAVIRUS EN ESPAÑA
Por Rodrigo Barahona

Vine a España hace ya casi 20 años con el plan de estudiar un Máster que duraría uno o dos años. Con el correr de los meses y los años, fui encontrando un lugar en esta sociedad: conseguí trabajo, me casé, tuve familia…y aquí estoy. Vivo en Sabadell, una ciudad mediana que queda cerca (unos 30 km.) de Barcelona. De hecho, trabajo en Barcelona, y voy y vengo todos los días en tren, en un trayecto de casi 50 minutos. 


Quizá suena un poco catastrófico o extremo decirlo, pero nuestra vida cambió hace dos semanas, cuando, siguiendo el ejemplo de Italia, el gobierno español decidió comenzar a aplicar recomendaciones de confinamiento para intentar atenuar/frenar la curva de contagio del coronavirus, y con ello, evitar el colapso del sistema de salud. 

Como en España hay un sistema político que reparte o descentraliza algunas competencias hacia las autonomías (serían quizá como los departamentos en Guatemala) y/o las municipalidades, en realidad la primera medida que nos impactó en Sabadell, fue el cierre de las Escuelas Públicas (la mayor parte del sistema educativo es público) por parte del Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña.

Eso fue el jueves 12, una mañana en la que circularon muchos bulos y se barajaron muchos escenarios (en un inicio, parecía que iban a cerrar las escuelas a partir del lunes 16, pero finalmente decidieron cerrar las escuelas el mismo viernes 13). La decisión del cierre de escuelas no era descabellada, pues a esas alturas, ya éramos muy conscientes de lo que estaba pasando en países como China o la más cercana Italia… Pero lo vivimos con sorpresa-nerviosismo, quizá porque siempre cuesta un poco creer que las cosas nos vayan a pasar “a nosotros”. Y, además, porque las curvas de contagio son exponenciales, y el “hoy” no parece tan grave. 

A partir de ese día, el contexto y las medidas se han ido haciendo cada vez más estrictas, extremando las precauciones para intentar limitar al máximo el riesgo de contagio. 

Recuerdo que ese primer fin de semana (el del 14-15), todavía se recomendaba, o al menos no se prohibía, ir a dar paseos al campo o hacer ejercicio al aire libre, e incluso se decía que se podía ir con los niños/as al parque, siempre y cuando se respetaran las distancias, se limitaran las interacciones, y se guardaran las medidas de higiene (lavarse las manos). 


Ahora, hacer algunas de esas cosas te puede costar una multa importante, pues hoy por hoy la consigna es de confinamiento máximo, solamente salir para lo imprescindible. A nivel económico también han ido cambiando las medidas, desde unas más flexibles y abiertas hasta las restricciones actuales que están suponiendo un parón bastante generalizado en muchos sectores productivos que no son los esenciales (alimentación, medicamentos, etc.). 

De hecho, el Gobierno Español también está lanzando paquetes de medidas más orientados a atenuar las consecuencias económicas y sociales del plan de contingencia del virus propiamente dicho. Los cierres de empresas están suponiendo cancelaciones masivas de contratos (temporal o no), agravamiento de condiciones laborales precarias (rebajas de salarios, dificultades para conciliar vida familiar y laboral, poca estabilidad, etc.), y en general un aumento de la desigualdad multidimensional en España (somos el segundo país con más desigualdad de la UE). 

Algunas voces auguran una crisis económica parecida a la del 2008. Personalmente espero que no sea tan cruda, pero sin lugar a dudas, el fin del confinamiento no va a ser el fin de los tiempos difíciles. 

Actualmente, el gobierno español prevé que el estado de alarma se mantendrá hasta el 11 de abril (eso ya supone 2 semanas más de lo que en un inicio había previsto), lo que implicará aproximadamente un mes de confinamiento. Es un tiempo largo para estar “encerrado” en casa, independientemente de dónde vives o con quien vives.


En mi caso, tengo la fortuna de vivir en una casa de 2 pisos, de tamaño mediano, con un pequeño patio y terraza. Vivo con mi familia, compuesta por mi mujer y yo, nuestros 2 hijos (de 2 y 7 años), y la verdad es que lo estamos llevando bastante bien de momento, intentando equilibrar el tiempo libre con algunas tareas o actividades más dirigidas para que no pierdan el ritmo de su educación (sobre todo el mayor), combinando juegos de mesa, con ejercicios, con manualidades, e intentando no abusar de TV, tablets  y computadora, que podrían resultar una salida fácil para entretenernos. 


Y hay muchas cosas que, haciéndolas desde casa, nos están dando una vivencia de lo colectivo-comunitario que es muy valiosa: el aplauso diarios y puntual, al personal sanitario, las fiestas espontáneas en los balcones… 

Yo estoy haciendo teletrabajo, porque mi puesto-responsabilidades pueden hacerse 100% online, adaptando un poco la jornada y los horarios para poder también atender-estar con mi familia. Mi pareja es profesora de parvulario, y también sigue atendiendo algunas responsabilidades laborales online. Considero que somos bastante afortunados porque a nuestro alrededor hay muchos amigos, familiares y conocidos que están perdiendo el trabajo (o viendo sus ingresos muy afectados), o que las condiciones de su confinamiento son más complicadas (casas-apartamentos más pequeños sin apenas espacios al aire libre, con más hijos o en edades más complicadas, etc.). 

hay un buen porcentaje de la población que está aún en situaciones más vulnerables, porque no tendrán cómo pagar el alquiler, o no puede pagar la luz.  Y también están las personas que se ven obligadas a trabajar exponiéndose diariamente.

Es imprevisible saber cómo continuará y cómo acabará el confinamiento, y mucho menos cuánto se estirarán los efectos perniciosos de la crisis económica que se está gestando. Pero yo confío que de alguna manera saldremos fortalecidos, si abrimos los ojos y el corazón a aquello que podemos aprender de esta situación, cada quien en su posición. 

Las personas hemos sacado solidaridad, humor, soluciones y hemos entendido que somos parte de la solución. No todas, obviamente: hay también irresponsables, acaparadores, especuladores y aprovechados… pero creo que son los menos. 

Los gobiernos en su mayoría han tomado decisiones duras y firmes, impensables en otros tiempos, con el fin de actuar a tiempo(o tan a tiempo como han podido) para prevenir problemas mayores… confío que podrán aplicar esta firmeza previniendo otras crisis.  
Muchas empresas han respondido también con solidaridad, donando materiales, buscando alternativas para no despedir gente, cediendo contenidos digitales de forma gratuita. Y es que no se puede salir individualmente de una crisis global.

En este caso, la paradoja de sentirnos tan unidos estando cada quien encerrado cobra aún más relevancia. Porque si podemos salir de esta crisis estando tan limitados en nuestras capacidades de actuar, ¿qué no seremos capaces de superar cuando recuperemos todo nuestro potencial de actuar unidos?

Tot Anirà Bé (Todo irá bien)

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